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Daniel Zamudio

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image Foto de Patricia Díaz, colgada en Wikipedia.

Y sucedió lo que muchos temíamos en una sociedad que no ha mirado, desde siempre a la Diversidad Sexual: el asesinato de un joven.

El día 27 de marzo fallece tras 24 días de agonía, el joven Daniel Zamudio, quien tenía sólo 24 años… días y años que coinciden de forma muy curiosa. Son estos mismos 24 días, en la cual parte del país de asombra y reacciona con horror y la otra, simplemente no quiere analizar el problema o bien busca argumentos para minimizar la muerte del joven, así como lo hizo en su momento el abogado Jorge Reyes… ¿por qué ahora nos remece este cruel asesinato? ¿Por qué no reaccionamos con igual propiedad cuando varios transgéneros fueron violentados y  agredidos en Santiago y Valparaíso?

Desde la agresión a Daniel, hasta hoy, se han generado discusiones sin sentido, las cuales no están al nivel de las responsabilidades de nuestras autoridades, parlamentarios o agentes de opinión pública (como es el caso de la Iglesia Católica Chilena o el Sr. Jorge Reyes); y en este sentido, creo oportuno aclarar algunos puntos: 

  1. Daniel no es un mártir, es una víctima. Mártir es una palabra que viene del griego y significa “testigo”, en el sentido que la persona es testigo vivo de sus acciones en cuanto a sus creencias y en los primeros años de la Era Común, los primeros Cristianos pese a la persecución no renunciaban a su fe, estando conscientes que significaba en muchos casos el camino a la tortura, el sufrimiento y la muerte. La víctima en cambio, es objeto de daño o perjuicio a causa de terceros o causas ambientales, sin que ella pueda hacer algo para evitarlo o estando completamente inconsciente de aquella amenaza o mal. Esto último es lo que es Daniel, pensarlo de otra manera, es desviar la atención de la causal misma de lo que le ocurre a todos los grupos discriminados en Chile: La impiedad gratuita de establecer distinciones arbitrarias por cuestiones de color, raza, género, orientación sexual, convicciones religiosas, políticas y de las más insólitas, basadas en falsos ideales morales universales estandarizadores; causando perjuicio a quienes va dirigido… Daniel no buscó su muerte, y creo que nunca creyó que la estaba buscando.
  2. Hay quienes minimizan lo anterior, diciendo que no todo el país es discriminador, que nuestras instituciones no discriminan… lo cual no es cierto; siempre es fácil hacer una caricatura, pensando que los ABC1, son los culpables de todo; por ejemplo. Pero pensemos, que quienes asesinaron a Daniel son de estratos socioeconómicos bajos, por tanto el odio irracional a la diversidad sexual es independiente de la clase social. Por otra parte, este hecho, coincidió con el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en cuanto al caso Karen Atala, el cual indica que nuestro Estado, dado el comportamiento de sus Tribunales Judiciales, debe realizar un acto de desagravio a la afectada y darle una compensación monetaria… ¿no demuestra eso entonces, la calidad de nuestras instituciones? ¿El caso Atala, la muerte de Daniel y los ataques a los trangéneros es reflejo de lo que es nuestra sociedad?
  3. ¿Es cuerdo tratar de descerebrados a quienes agredieron a Daniel? O ¿tratar de entender por qué lo hicieron? En mi opinión es un ejercicio estéril… si en realidad los asesinos de Daniel son adeptos a la ideología Neonazi, los coloca en el ámbito del integrismo y su visión reduccionista. Tratar de entender sus acciones no tiene sentido, acá estoy con las palabras de Joseph de Maistre quien decía: “No sé cómo podrá ser el corazón de un granuja; sé qué ocurre en el corazón de un hombre honrado; es horrible.” Ahora, descalificar a estos agentes antisociales, es subestimarlos. No son descerebrados, porque son muy inteligentes para accionar sus delitos y crímenes, para esparcir en forma efectiva sus doctrinas inicuas.
  4. A la par con lo anterior, hay quienes llaman a no reaccionar histéricamente y que no es necesario tener una ley antidiscriminación. Unos lo creen, porque la Corte Suprema, así lo estima; pero es esta misma Corte Suprema la que sale enjuiciada tras el fallo de la CIDH por el caso Atala… ¿es argumento suficiente? Otros, como el Sr. Luis Bates (ex ministro y ex presidente del capítulo de Chile Transparente) estima que no es necesaria, dado que nuestro ordenamiento jurídico de alguna manera resguarda a los ciudadanos de situaciones discriminadoras o bien, porque desde el punto de vista de la gestión de la justicia, una ley Antidiscriminación atochará a los tribunales debido a la excesiva “judicialización” de casos. Esto me deja perplejo… acaso ¿seguiremos haciendo “justicia en la medida de lo posible”?... el mundo cambió y tiene otras urgencias. La justicia es un Derecho, así como el no sufrir discriminación. Nuestro Código Penal, contiene los artículos 365 y 373 que discriminan en forma abyecta; así por ejemplo, colocando edad de consentimiento sexual diferenciada entre hetero y homosexuales, siendo que reiteradamente la ONU ha pedido derogar ese tipo de legislación. ¿La Ley Antidiscriminación habría evitado la muerte de Daniel? No… quizás una Ley de Crímenes de Odio habría disuadido la ocurrencia de aquellos atroces hechos… pero ¿por qué los países del primer mundo tienen leyes contra la discriminación? Porque reconocen que hay que proteger la dignidad de grupos en riesgo de la arbitrariedad de ciertas minorías o mayorías en posiciones relevantes de poder. La ley antidiscriminación ofrece el Amparo, a aquellos grupos en riesgo… y el Estado reconoce la igualdad de tod@s en el cuidado de la dignidad personal; la misma que el abogado Reyes, no le reconoce a Daniel, al señalar: “En el caso de este niño Zamudio, por ejemplo, la propia familia lo había echado de su casa [...] el muchacho estaba en un estado etílico espantoso […] Si la sociedad conociera la realidad de la vida de este niño, uno empezaría a entender que hay conductas que hoy día la sociedad parece tan cercana a ellas, [pero] tendría una opinión distinta” (fuente: emol.com). La defensa de la dignidad y la vida de las personas, no merece excepciones, no depende del estado etílico, de la vida personal que lleve cada cual… y es en esto donde una ley antidiscriminación puede ayudar: en la educación de los DDHH y el respeto por lo diferente. 

La muerte de Daniel, me impresionó… me afectó… porque jamás podré ser insensible al mal gratuito causado, a la extinción de una vida no justificada. Lamentablemente, la muerte de Daniel es el resultado de los valores predominantes en nuestra sociedad mayoritariamente cristiana, pronta en juzgar, pero lenta en tender puentes. ¿Cuál es el temor de salir de los prejuicios y encontrarse con el semejante? ¿Acaso no lo dejó claro el Maestro en la ilustración del buen Samaritano? (Lucas 10:30-37) ¿acaso seremos parciales en dar nuestra misericordia? ¿Cuánto de nuestras convicciones cultivan doctrinas de odio o exclusión? ¿Cuánto de eso nos hace realmente libres o pecadores ante Dios?

Recuerdo, que tras la muerte de Daniel, mi madre me comentó: “Hijo, tengo tanto miedo de que te pase algo parecido…”; y yo le contesté: “Pero mamá, yo no pienso vivir escondido… eso no es vida”. Es que no quiero ser esclavo ni pecador… ¡Todo sería más fácil si realmente amáramos libremente! La desgracia de Daniel, debiera ser asumida como una desgracia Nacional, tal y como debiera ser toda aquella causada por la injusticia de la sociedad, de nuestras instituciones, de la inoperancia política o del egoísmo doctrinal de nuestros congresistas ¿puede ser posible que el lobby de la ley antidiscriminación dure más de siete años? Ojalá lo entienda la sociedad y nuestros políticos, porque si no es así… habrá otros Daniel.

Saludos,
Manu, el Eurovisivo. 

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